Te pienso y no sé si eras una mágica ilusión, un dibujo en tinta china, si fuiste metamorfosis o una clara, clarísima figura que me rodeó con sus pasos y su música de bandoneón.
Eres retrato que cuelga en los muros de mi alma, a veces lleno de color que hacen que tus verdes ojos y tus cabellos de oro estallen en claridad y a veces en cine noir, borroso y desgastado.
Pesa la ausencia de de tu voz de gorrión, tu firmeza y tu libertad pasmosa, que me dejaba sin palabras. Me falta tu suavidad de rayo de seda y las tormentas de tu carácter.
Y todos los días me acompañas en los pasos torpes que doy, en mi falta de gracia que a ti te sobra sin esforzarte, en las noches de insomnio que me traían los buenos días a medianoche contigo.
Te busco en el horizonte de los días que se acaban rogando que vuelvas a mis brazos, con tu sabor montaña y rebeldía, a café y a vino, a abrazos y poesía.
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