martes, 17 de mayo de 2022

5.

No fue lo que esperábamos 

Porque no esperábamos nada.

4.

 Y los silencios que se estallan en el vacío

Los muros infranqueables que hemos erigido 

Las armaduras oxidadas por la sal de las lágrimas 

Los te quiero que no se habrán de decir 

Esas caricias que se anhelan y han de marchitarse por falta de uso

Se derrumban y caben en un puñado de canciones 

Que se van acumulando en cada palabra que nos decimos,

Pero sobre todo en las que nos callamos. 

3.

 No te vi llegar, ha de ser porque tenía mis ojos vendados por tus manos diminutas y que vuelan como gaviotas en mi espalda. 


Llegaste despacio, como los minutos previos al amanecer, igual que los primeros rayos de sol. Esos mismos rayos de sol que te invaden por las cortinas de tu cuarto y que abren tus verdes ventanas.

Yo no lo noté hasta que el calor era abrasador, hasta que sentí el ardor en mi piel de colores y me dejé abrazar por tu calidez.

No te oí llegar, porque tus pasos son sigilosos y se arrastran llenos de gracia, inspirados en voces rasposas.

Te movías etérea pero con la fuerza de un remolino, en cada paso demostrando tu entereza e invadiendo mi pecho con vaporosa seguridad. 

Tus voz quieta y suave me hipnotizó con cada verso que recitaba y caí en el embrujo de terciopelo de tus palabras. 

Me dejé llevar con tus dulces modos y me enamoré de la realidad de la vida a través de tus cristales. 

Sentí tu piel cuando estalló con la mía, cuando ya era tarde y en tu cama nuestros brazos era enredadera que nos hacía aferrarnos hasta perdernos siendo bosque. 

Tus pies llenos de magia se entrelazaron con los míos tan pegados al suelo. Fuimos una hoguera alimentada por caricias y gemidos que quebraron el silencio de la noche. 

Nos dejamos ir, como ladrones en la oscuridad, como el mar que se escapa de la arena al bajar la marea.

Con ese sabor a sal que se volvió aguacero en mis ojos y que quemaba las mejillas.
Con tantas palabras por decir enmudecidas por la razón y un cajón lleno caricias deseando escapar de mis dedos.

Seguros de que lo que hacíamos es lo correcto pero con el sinsabor que dejan los te quiero que se estallan en muros llenos de lamentos, que chocan contra armaduras oxidadas, que se pierden en blancos silencios que gritan oscuros deseos. 

2.

 Te recuerdo entre mis notas, en la tinta que se desliza en mis dedos y que manchan la historia que trato de escribir y a la que no consigo quitarle los dos puntos que le sobran para llegar al final.


Tus sonrisas furtivas que se escapan debajo de ese velo de acero que retienen tus emociones, son luz que ilumina la noche que se convirtió en mis días desde que aquel beso selló nuestro adiós. 

Suenan en mi cabeza las canciones del deseo, que construimos con memorias y palabras que no podíamos decir, cómo si necesitáramos la voz de otros para hacernos sentir, como si no fuéramos verbo.

En mi boca queda el sabor de tus besos, que no puedo limpiar con otros besos ni con las largas noches de insomnio que me provocan las copas y el mar de gente donde busco tu cara sin encontrarte.

Y en mi piel, el calor de tu piel. La blancura de tu espalda manchada por las miles de estrellas de tus lunares, tus manos aferradas a mis dedos, tus pechos de miel y almendra aplastado contra mi corazón, roto y desangrado. 

1.

Te pienso y no sé si eras una mágica ilusión, un dibujo en tinta china, si fuiste metamorfosis o una clara, clarísima figura que me rodeó con sus pasos y su música de bandoneón.


Eres retrato que cuelga en los muros de mi alma, a veces lleno de color que hacen que tus verdes ojos y tus cabellos de oro estallen en claridad y a veces en cine noir, borroso y desgastado.

Pesa la ausencia de de tu voz de gorrión, tu firmeza y tu libertad pasmosa, que me dejaba sin palabras. Me falta tu suavidad de rayo de seda y las tormentas de tu carácter. 

Y todos los días me acompañas en los pasos torpes que doy, en mi falta de gracia que a ti te sobra sin esforzarte, en las noches de insomnio que me traían los buenos días a medianoche contigo.

Te busco en el horizonte de los días que se acaban rogando que vuelvas a mis brazos, con tu sabor montaña y rebeldía, a café y a vino, a abrazos y poesía.